Certificarse cuesta caro. ¿Sirve de algo?
Certificar un edificio puede costar hasta 5% del presupuesto. La pregunta es si ese costo se recupera en algo más que una placa en el hall.
Certificar un edificio bajo un estándar de sustentabilidad reconocido puede costar, entre auditorías y ajustes de diseño, entre dos y cinco por ciento del presupuesto total de la obra. La pregunta que empiezan a hacerse los mandantes, cada vez con más fuerza, es si ese costo se recupera en algo más que una placa en el hall de entrada.
La respuesta, según los datos disponibles, es “depende de qué mides”. En arriendo comercial, los edificios certificados sí capturan un premio de precio medible. En vivienda, ese premio prácticamente no existe todavía.
Lo que sí cambia, aunque no se vea en el precio
Donde la certificación consistentemente marca diferencia es en el costo operacional: consumo energético, mantención y —cada vez más relevante— la facilidad para acceder a financiamiento verde, que empieza a exigir estos estándares como condición, no como plus.
La certificación no vende el edificio más caro, vende el edificio más barato de operar durante los próximos veinte años.
El riesgo, advierten quienes llevan más tiempo certificando en Chile, es tratar la certificación como un trámite en vez de un rediseño real: ahí es donde el costo deja de justificarse.