La belleza de las cosas: el oficio que resguarda el Taller Juana Ross
Entre esculturas monumentales, moldes, cinceles y bloques de mármol, el Taller Juana Ross resguarda un oficio que exige paciencia, rigor y conocimiento. Junto a sus discípulos, el maestro Francisco Torres trabaja para que ese legado trascienda.
En pleno Barrio Almendral, el Taller de Escultura Juana Ross guarda una historia construida a pulso. Allí trabaja Francisco Torres Rojas, autor del Escudo Nacional del Salón Plenario del Congreso y del Monumento a Alberto Larraguibel y su caballo Huaso en Viña del Mar.
Desde la calle nadie imagina lo que hay detrás de la fachada: cuatro pisos de una antigua casa convertidos en taller, con torsos, columnas, piezas de yeso y bloques de mármol de Carrara. No es un museo, es un taller vivo donde el mármol se trabaja quitando, el yeso permite quitar y agregar, y la arcilla se modela.
“La escultura sigue siendo un oficio. Y la práctica significa rigor; el rigor significa constancia, paciencia y entrega.”

Discípulos y el ADN de la obra
Tras años trabajando solo, Torres abrió sus puertas a discípulos que aprenden como en los antiguos talleres: “si hay que barrer, se barre; si hay que esculpir, se esculpe”. Jordan Cabello y Francisco Contreras trabajan hoy junto a él. Cabello, que llegó desde la construcción, desarrolla moldes y matrices para conservar el registro de cada pieza, algo que se volvió urgente tras el terremoto de 2010: “Es el ADN de la obra”.
El mayor legado de Torres para Valparaíso podría ser ese: no solo las esculturas que quedarán, sino las manos que siguen aprendiendo el oficio.