Qué pasa cuando una avenida deja de ser una avenida
Menos pistas para el auto, más espacio para todo lo demás: el criterio que ya cambió cuatro avenidas troncales del Gran Santiago.
La avenida Departamental, en su tramo poniente, dejó de tener cuatro pistas por sentido para tener dos y un bandejón central con ciclovía segregada. El resultado, dieciocho meses después, no fue el colapso que anticipaban los vecinos: fue una caída sostenida en la velocidad promedio de los autos, y un aumento medible en el comercio de barrio.
El caso no es aislado. Al menos cuatro comunas del Gran Santiago están reformulando avenidas troncales bajo el mismo criterio: menos pistas para el auto, más espacio para todo lo demás.
El argumento que cambió la discusión
Durante años, el freno a este tipo de proyectos fue el temor a la congestión. Lo que cambió la conversación fueron los datos de las primeras intervenciones piloto: la congestión se redistribuye, no necesariamente crece.
Una avenida no es una tubería: no basta con agregar pistas para que fluya más rápido.
Lo que sigue, según los municipios consultados, es extender el criterio a los ejes que todavía no se han tocado —y ahí es donde empieza la parte políticamente más difícil.